
Seguramente es uno de tus chistes. Como aquella vez que con voz cambiada reclamabas unos dibujos de unas mariposas, haciendote pasar por un colaborador de mi editorial. O cuando te anunciabas como un imprentero enojado asustando a los empleados que no te conocían.
Quizás debe ser una de tus tantas picardías típicas de Robin Hood en donde intermediabas por dibujantes sin laburo – ¡Llamalo por tu cuenta y no le digas que fui yo quien te avisó!– les decía a los editores para que le den trabajo a algún colega en problemas.
O será que tanta genialidad de esas que nos deja con la boca abierta la quieras compartir con los colegas que están del otro lado del río.
Puede ser estas u otras cosas, lo cierto es que de mi parte no hay cuentas pendientes, te dejo partir en paz mi amigo, donde quiera que estés sabes que te quiero mucho.